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dissabte, 23 de juliol del 2011

El pan nupcial

Cristiano Cani (2008): Torta degli sposi
(...) MIentras todos estaban ocupados vistiendo y peinando a la novia, entró en el dormitorio de su madre. Los postigos de las ventanas se hallaban entornados, pero incluso en la penumbra las telas blancas extendidas sobre la cama revelaban la forma de los cestillos donde habían puesto el pan cocido es misma mañana para que reposara. El armario de formica bicolor dominaba una pared entera y el espejo oval en la puerta del centro miraba toda la habitación como el ojo de un cíclope. Maria sabía que no disponía de mucho tiempo. Levantó las telas blancas una tras otra con cuidado, examinando el contenido de los cestos hasta que encontró el pan que buscaba, colocado con un mimo preventivo en un canasto aparte, junto al pie del espejo.
Perfectamente circular, con palomas y flores moldeadas en relieve, el pan nupcial de su hermana le pareció más delicado y bonit que cuando lo había visto sobre la pala del horno: una filigrana de harina y agua, fruto de un arte al alcance de pocas. Le habían prohibido estar presente mientras su madre y Bonacatta lo preparaban, y el simple act.o de mirarle en secreto constituía también una transgresión cuyas consecuencias le hacían hervir la sangre como una llamarada, avivada por el olor intenso y agradable que colmaba la estancia, como si fuera un vientre. Quería verlo, pero sin segundas intenciones, con el ansia con que algunos acuden a las exposiciones de cuadros famosos y compran la entrada para confirmar su derecho a no poseerlos. Pero resultó que, mientras estaba inclinada observando el pan, su mirada se desplazó hacia el espejo, donde además del pan se vio a sí misma.  
Desde el fondo de la casa llegaba, sofocado, el parloteo de las amigas de la novia que la ayudaban a vestirse, pero el denso olor del pan amortiguaba todos los ruidos y Maria ya no los oía. Cometiendo el pecado de imaginarse con los ojos del hombre de otra, se puso de pie y se observó sin entender nada. En el espejo era ella quien se casaba ese día, no Bonacatta, porque en aquel mundo misterioso hecho de reflejos la mirada del novio se había posado sobre su rostro como una mano sobre un fragante amaretto.
(...) volvió a inclinarse sobre el cesto que estaba a sus pies, atraída nuevamente por el pan de los novios y sabiendo que aquel aro de masa cocida, destinado al ofertorio y luego a la eternidad bajo un cristal, colgado de la pared tras haber sido pintado con barniz para protegerlo de la carcoma y el moho, era más importante aún que los anillos. Por eso lo levantó con muchísimo cuidado, con intención de ponérselo lentamente sobre la cabeza, donde encajó como hecho a su medida. Al mirarse entonces se vio por fin guapa, una reina de pan reverenciada por el olor a prohibido de aquella silenciosa coronación. Sonrió, pero de repente un rumor de pasos en el pasillo la hizo volverse alarmada. O quizá lo que la asustó fue el peso impropio de aquel pan vengativo, ornament de un día que no era el suyo.
(...) En el torpe intento de protegerse del peligro inminente, se inclinó hacia delante para coger las dos partes de la blusa abierta y la corona le resbaló de la cabeza. Sus dedos reaccionaron demasiado tarde para impedir el desastre: el pan de la buenas suerte cayó al suelo con un crujido de huesos rotos, destrozado. 
Filippo N. (2006): Poltadura 'e su stregiu 'e sa sposa
(...) Resultó que, con muy poco sentido de la superstición, pese a todo se celebró el matrimonio, y entre las lágrimas de desesperación de Bonacatta pegaron provisionalmente el pan con clara de huevo y lo metieron unos minutos en el horno templado, a fin de que se mantuviera unido el tiempo suficiente para lucier en el ofertorio de la misa.

Murgia, Michela (2011): La acabadora, Editorial Salamandra, 58-61.
Bloc personal de Michela Murgia
 
Cristiano Cani (2008): La benedizione degli sposi
Le madri degli sposi, con un rito propiziatorio per il matrimonio, facevano la benedizione con l'acqua e un piatto con grano, fiori, monete e dolci, che veniva rotto dopo il rito in segno di augurio e buona fortuna. Ancora oggi molte famiglie tramandano questa tradizione.
Mostra di pani e dolci tradizionali della Sardegna - Casa Angioni, Quartucciu (Cagliari).

dilluns, 18 de juliol del 2011

La vendimia de los Bastíu



Giorgio Cardellini (2009): Grapes
Si es verdad que la tierra habla de quien la posee, las colinas de los campos de Soreni eran un discurso complicado. Las parcelas pequeñas e irregulares contaban cosas acerca de familias con demasiados hijos y todos mal avenidos, fragmentadas por una miríada de muretes de basalto negro construidos en seco, cada uno con su rencor particular, que lo mantenía en pie.
El terreno de los Bastíu era apenas un poco mayor que los limítrofes, porque, por voluntad de dios, a lo largo de los años había habido más testamentos que herederos.
En la viña de la colina llamada Pran'e boe, eran las diez de una mañana templada de octubre cuando la mano de andría Bastíu se posó, deteniendo el movimiento de las tijeras de podar.
- ¡Cuidado! ¿No pongas la mano ahí!
- ¿Por qué? ¿Qué pasa?
- La tela del àrgia. 
- No me dan miedo las arañas.
- Porque no las conoces -respondió él, muy serio-. ¿Sabes que si te pica una tienen que cubrirte de estiércol y hacer que bailen a tu alrededor siete mujeres, primero viudas, después solberas y por último casadas, hasta descubrir de qué clase de araña se trataba?
- Pero ¿quién te cuenta esas bobadas, Andrí?
María cortó el gran racimo y lo colocó con cuidado en el cubo de plástico, riendo y negando con la cabeza cubierta con un pañuelo de flores amarillas, descoloridas por las vendimias precedentes.
La viña de los Bastíu estaba formada por dos mil vides de uva oscura con granos del tamaño de huevos de codorniz. Al aplastarlos rezumaban un jugo negro que parecía sangre de cerdo cocida y era igual de dulce. Los dos chiquillos se habían repartido el trabajo de acuerdo con sus respectivas fuerzas y cometían en velocidad con los adultos de la hilera paralela.
- Tú ríete, pero es verdad. A mi padre le pasó cuando era pequeño. Me explicó que tuvieron que hacerlo sudar durante dos horas debajo de un montón de mierda; si no, no lo habría contado.
- ¿Tu padre no es ese que murió dos veces en la guerra? Tú, en cambio, eres de los que si le mandan a comprar cien gramos de nada en polvo seguro que va.
Maia continuó cortando racimos y burlándose de Andría con sus danzantes ojos vivaces. El chiquillo se sonrojó al sol y dirigió la mirada hacia el cubo casi lleno. Aunque tenían la misma edad, con aquella sonrisa adulta en los labios rojos de uva, Maria siempre lo ganaba a la hora de encontrar las palabras idóneas para hacerlo sentir pequeño.
- Voy a vaciarlo al carro...
- Sí, llevalo, que yo mientras tanto voy a beber. ¡Y cuidado con el àrgia, que no estoy segura de encontrar a siete locas que bailen sobre caca de vaca para adelante!

Valewatta (2009): Vigna d'autunno

La vendimia empezaba y terminaba elmismo día, para lo cual hacían falta como mínimo seis personas que cortaran deprisal los racimos hasta desnudar las hileras de vides que seguían la línea de la colina. Los Bastíu salían de casa antes de que el sol se hubiera decidido a hacerlo, y las hijas de Anna Teresa Listru iban con ellos, porque después se repartían el vino. Cuando se lo vendía a los vecinos, la viuda Listru acostumbraba a decir que tenía que hacer con él el milagro de las bodas de Caná: "Jesucristo convertía el agua en vino, y yo convierto el vino en pan."
María se pasaba el verano esperando a que la llamaran para ayudar, porque le gustaba competir con Andría. Nunca se sabía a ciencia cierta cuándo empezaría la vendimia, pues era el viejo Chicchinu Bastíu, que estaba ciego, quien decía cuál era el momento preciso, es decir,  exactamente el día antes de que se percibiera en el aire el olor de l auva a punto para el mosto. Sus nietos le llevaban al campo a diario, y él, solemne, olfateaba con los ojos cerrados la suave brisa marina que acariciaba los viñedos. Como una comadrona experta, el viejo aseguraba que podía oír la voz del vino que nacía en la onda de aire que sacudía las hojas y penetraba en los recovecos de los prietos racimos. Maria nunca se cansaba de escuchar aquella leyenda.
- ¡Dicen que es capaz de adivinar siempre el día exacto! -le habia revelado a la tía Bonaria, tratando de asombrarla con aquel misterioso poder adivinatorio.
La anciana la había mirado con una media sonrisa, no especialmente impresionada.
- Claro, Chicchinu Bastíu y el mosto son uña y carne. Teniendo como tiene la nariz siempre metida en el vaso, ¿cómo quieres que no reconozca su olor?
Los ojos de la chiquilla se habían dilatado mientras la sospecha comprometá la certeza del prodigio.
- ¿Quieres decir que nos toma el pelo?
- ¿Queda uva en el campo al día siguiente?
- No, siempre la cogemos toda antes de que se ponga el sol.
- Entonces no le toma el pelo a nadie.
Y la tía Bonaria, sin preocuparse de disimular la risa, había vuelto a fijar los ojos en la costura. Como sabía que le gustaba, la vendimia con los Bastíu era una de las pocas ocasiones en que permitía a Maria faltar a clase.
Topyti (2008): ... finalmente il futuro vino
 Texto extraído de LA ACABADORA (2011), de MICHELA MURGIA. Editorial Salamandra, pàginas 36-39.
Más información en nuestros blogs: DE LA LITERATURA A LES CUINES DE LA MEDITERRÀNIA
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