dimarts, 9 de novembre de 2010

El embrujo de Shanghai

Unna, Bruno (2007). ¡Esto es la leche!
Ocurrió que el huésped de la señora Anita volvió de la cocina llevando ceremoniosamente la bandeja con la merienda de Susana. Con gestos pausados y medidos, envuelto en su quimono de seda, depositó la bandeja en la cama y se sentó al lado de Susana. Desganada como siempre y refunfuñando, la muchacha se enfrentó al gran vaso de leche de vaca y al bocadillo de pan con tomate y jamón vencida de antemano. En estos momentos yo la compadecía de veras; por la mañana ya la hacían tragarse un tazón de leche de vaca aún más grande y otro enorme bocadillo. La verdad es que las rebanadas de pan con tomate tenían siempre una pinta estupenda y pedían a gritos cómeme. Forcat las preparaba con mimo y era un sabio en estos menesteres, puedo decirlo porque más de una vez fui invitado a merendar con Susana; pero ella recibía invariablemente la bandeja con muecas de asco, y además hoy parecía muy cansada y más irritable que de costumbre, respiraba mal y a ratos se abandonaba a una somnolencia desasosegada. No quiso comer y tampoco probó la leche, a pesar de las súplicas de Forcat. La bandeja quedó sobre la cama y Susana se dedicó a cepillarse el pelo, pero lo dejó enseguida y empezó a buscar en la radio otra emisora con música. Sentado en el borde del lecho, Forcat volvió a la carga:

- Si no comes, nunca sabrás cómo llegó tu padre a Shanghai ni por qué su amigo Lévy le pidió que robara para él un libro.
- ¿Por qué le pidió eso?
- No te lo imaginas. Te va a sorprender.
Susana bajó la vista, enfurruñada. Reflexionó un rato y dijo:
- ¿Por qué no vino primero aquí, para irnos juntos? Yo entonces aún podía viajar estando enferma...
- No podías. Y él se embarcó para una misión muy especial y peligrosa. Tenía que ir solo.
- Nunca he viajado en barco, pero seguro que no me mareo... Seguro.
- Te cuento el resto si te bebes la leche y pruebas a zamparte por lo menos una rebanada de pan, solo una. Y el jamón, que es muy caro y a tu madre no le regalan el dinero. Anda, sé buena chica...

Marsé, Juan (2000). El embrujo de Shanghai, Editorial Lumen, Barcelona. 144-145.

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