De la literatura a les cuines: Oli, pa, vi

dissabte 24 de març de 2012

El silenci de les vinyes

FERRÉ, Maria Rosa (2011): Brot de Xarel.lo, Alt Penedès -1028

Cada vegada que a can Brucart naixia un fill, batejaven la criatura i una vinya amb el mateix nom. Un cep de més de trenta anys ja no té un bon rendiment, i per als Brucart la producció era la prioritat. Brucart tenia més de nou-centes hectàrees de vinya pròpia, i sempre n'hi havia alguna on calia canviar els ceps vells per peus nous. I amb l'arribada d'una criatura es batejava la vinya nova amb el nom del fill acabat de néixer. A la vinya Xavier hi van plantar dues hectàrees i mitja amb xarel·lo del Penedès, el mateix xarel·lo qu eel pare de l'Aurora havia plantat, a la vinya Petita, quan ella va néixer, la vinya Xica com li deia ella, la vinya que hi havia darrere de Mas Serrat, la casa on havia nascut i on havia viscut fins el dia que es va casar.
La vinya Xavier era a prop d'un rierol que anava a parar a l'Anoia. L'Aurora es va treure les sabates i va caminar descalça per notar la terra entremig dels dits dels peus. La humitat de la rosada li va recordar la primera vegada que havia vist plorar la vinya. El seu germà Marc acabava de tenir l'accident amb el tractor, i a casa hi havia tant d'enrenou que ella va baixar a refugiar-se entre el brancatge nu dels ceps. Era allà, quieta i plorosa, quan es va adonar que els ceps també ploraven, com ella, com la seva mare, com la seva àvia. Les llàgrimes brotaven espesses dels ulls de la planta. Molts ulls per cada ceps i moltes llàgrimes per acompanyar-la. Van haver de passar anys abans no va aprendre que el plor de la vinya era un fet natural que es repetia cada primavera. En arribar el bon temps, els ceps xuclen l'aigua del terra i la fan circular des de les arrels fins a la part més alta del cep, però quan són dalt de tot de la planta i no hi troben cap fulla, l'aigua s'escapa per les ferides que hi ha deixat la poda. La vinya plora des que l'home va descobrir que del raïm en podia fer vi i va arrenglerar els ceps l'un al costat de l'altre i els va podar per fer més raïm. Des d'aleshores, la vinya plora any rere any i ningú se n'adona.
L'Aurora va acaronar les fulles i va prémer amb força el raïm encara verd, i després va llepar-se la mà. Els gust amarg li va retornar l'amargor d'una conversa que havia de ser l'última.

POU, Gisela (2011): El silenci de les vinyes. Editorial Planeta, Ramon Llull Narrtiva: Barcelona. Pàgines 36-37.

Informació sobre el llibre: Biblioteca Municipal de Cambrils

dilluns 20 de febrer de 2012

"Pa negre"




És que el pa negre que encara els donen de racionament no es pot menjar! Un cop va venir una pobra dona i em va portar un crostó d`aquesta mena de pa perquè em fes càrrec del que havien de menjar. Gairebé vaig plorar de pena, era com un tros de carbó o de serradures brutes. Vaig pensar que la maleïda guerra arriba fins i tot a fer malbé el pa, mata el pa i tot, perquè allò no era pa, allò eta un pa mort, sense ànima i sense virtut. El vaig guardar, aquell mos de pa negre, no gosava llençar-lo, i el vaig posar als peus de la Mare de Déu del canterano, a la sala, a veure si els de dalt feien un miracle com el d`aquelles bodes, quan Jesús va convertir l`aigua en vi perquè la seva mare l`hi va demanar, que ell ni se n`adonava que el vi s`havia acabat i els convidats bevien qualsevol cosa.

 TEIXIDOR, Emili (2010): Pa negre, Barcelona. Columna, pàg. 84.

dilluns 12 de desembre de 2011

La fiesta del vino de San Martín en el Museo del Prado


El Museo del Prado muestra al público por primera vez El vino de la fiesta de San Martín, de Pieter Brueghel el Viejo (1525-1569), adquirida a finales de 2010 y considerada como una de las adquisiciones más importantes en la historia del Museo.
La obra es una sarga o tüchlein pintada con temple de cola sobre una tela sin preparación, siguiendo una técnica habitual en Flandes en los siglos XV y XVI.
Se representa la fiesta del vino de San Martín. El 11 de noviembre, festividad del santo, se comía la oca de San Martín –coincidiendo con la matanza de otoño-. La víspera se degustaba el primer vino de la nueva estación, denominado vino de San Martín. Precisamente la coincidencia de la fiesta con el fin de la vendimia, en pleno otoño, asociaba con las celebraciones del santo una distribución de vino al pueblo, que tenía lugar fuera de las puertas de la ciudad. De esta manera, pese a la presencia de san Martín a la derecha, no es un cuadro religioso ni una obra de devoción, aunque tampoco una escena de género. Lo que centra la representación es la celebración de la fiesta dedicada al santo tal como tenía lugar en Flandes y en los países germánicos en esa época, casi una bacanal, preludio del carnaval en los meses de invierno. Se pone de manifiesto en ella la tensión irónica entre la caridad de san Martín –vestido como un caballero a la moda desde el siglo XV- y los excesos de la fiesta que lleva su nombre.
Avanzado el otoño, con muchos árboles sin hojas, fuera de la puerta de la ciudad –arquitectura que recuerda la Puerta de Hal de Bruselas- y próximo a las casas de la campiña, se ha dispuesto en el centro un enorme tonel de vino, que Brueghel pinta de rojo, sobre un andamio de madera. En torno a él se amontonan personajes de muy distinta condición: hombres -jóvenes y viejos- y también mujeres -algunas con niños-, campesinos, mendigos, y ladrones, todos tratando de obtener la mayor cantidad posible de vino. Mientras algunos que han conseguido llenar sus recipientes tienen ya sus pies en el suelo, otros, en su intento por lograrlo, se abrazan a las vigas, se tumban sobre el tonel o se inclinan con evidente riesgo de caer para recoger un chorro del vino que sale del tonel en toda clase de recipientes, sin excluir sombreros o zapatos. El efecto que logra Brueghel, que hace gala de su enorme maestría a la hora de componer y lograr encajar a todas las figuras –en torno a cien-, es el de una montaña formada por una humanidad que se deja llevar por la gula, una especie de Torre de Babel compuesta por bebedores.
De forma intencionada, Brueghel opone el círculo que conforma el grupo central en torno al tonel de vino con la disposición piramidal, mucho más estable, del grupo en el que se reproduce la caridad de san Martín, a la derecha. La composición se completa en el lado opuesto, a la izquierda de la sarga, con las figuras que se dejan llevar por los efectos del vino. El pintor plasma lo que les sucede a los que, al contrario que el santo, se han visto arrastrados por el pecado de la gula en lugar de por la virtud, como el personaje que está a punto de vomitar y el que yace en el suelo sin conocimiento sobre sus vómitos, los dos hombres peleándose o la mujer que ofrece vino a su bebé.


Más información sobre el proceso de restauración: www.museodelprado.es y en el enlace
http://www.museodelprado.es/pradomedia/multimedia/emel-vino-de-la-fiesta-de-san-martinem-pieter-bruegel-el-viejo/

dissabte 3 de desembre de 2011

Con mucha miga

Las hogazas que han enamorado a los chefs más exquisitos –de Adrià a Joan Roca, de Paco Pérez a Quique Dacosta– tienen un secreto: Triticum, la panadería vanguardista.
Mª VICTORIA AROCA
03 DE DICIEMBRE DE 2011
Xevi Ramón, en su despacho de Triticum, que preside un dibujo de Karen Blanch. Foto:  Germán Sáiz
Xevi Ramon, quinta generación de panaderos, lleva un tiempo investigando sobre cómo quiere que sea la barra de cuarto by Xevi Ramon. La va a llamar «pan en llamas», porque la terminación tiene forma de fuego, y nos la ha dejado probar: sabor mediterráneo, corteza crujiente y rojiza, miga alveolada de color crema… Este maestro artesano, emprendedor y perfeccionista, necesita un diez antes de dar por bueno un producto. Por nuestra reacción se diría que lo ha conseguido. «No me interesa sumar decenas de variedades, sino productos de alta calidad con personalidad propia», nos dice.
En su carta básica hay 12 exquisiteces, del pan de campaña al rústico, del de nueces y orejones al mediterráneo, con tomate, aceite de oliva, pimienta y hierbas provenzales. La producción de sus dos empresas, Triticum y Triticumdeluxe, puede ascender a 80.000 piezas diarias. En solo cinco años sus propuestas se han convertido en un referente en el mercado del pan precocido para alta gastronomía. Ellos son quienes proveen de pan a algunos de los restaurantes con estrellas Michelin más importantes de España. «Nos gusta trabajar mano a mano con los chefs y sugerirles aromas, sabores y texturas adecuados a su cocina». Y a cada César lo que es del César: a Ángel León, por ejemplo, a quien se conoce como el chef del mar por la especial visión de la cocina que desarrolla en A Poniente, su restaurante en el Puerto de Santa María (Cádiz), le hacen especialmente un pan de algas elaborado con nori y lechuga de mar.
Para el bar de tapas de los hermanos Adrià, Tickets (Barcelona), han elaborado untourxon esséncia con un crujiente espectacular y baño de cereales. A Paco Pérez, de Miramar (Llançá, Gerona), le hacen un pan con su nombre que posee un intenso aroma tostado y semillas en la suela. Y los que se llevan la palma son Pedro y Marcos Morán, padre e hijo de Casa Gerardo, para quienes crean el pan de Copango, elaborado con chorizo, morcilla y tocino de hebra. La materia prima la envían ellos mismos desde Prendes y cuando toca hornear esta delicia todo el obrador huele a fabada asturiana.
Xevi Ramón pasa tanto tiempo en su despacho como en el obrador amasando y haciendo pruebas. Foto: Germán Sáiz
De siete de la mañana a tres de la tarde, las instalaciones de Triticum, en una nave industrial con vistas al Mediterráneo en Cabrera de Mar (Barcelona), viven en una especie de coreografía constante ejecutada con una exactitud germánica. «Tengo un bagaje familiar importante, pero me he formado en Francia y Alemania y necesito aplicar en todo lo que hago esa precisión y ese gusto que aprendí allí», explica Xevi. Hay un momento para cada cosa y los tiempos deben cumplirse al milímetro. «Para recuperar la esencia artesana es necesario utilizar la más sofisticada tecnología y cuidarlo todo al máximo», añade. De ahí la sorpresa de que el ambiente hipertecnológico se dé precisamente en un lugar rodeado de fermentos naturales y harinas ecológicas.

Mª Victoria Aroca: Con mucha miga. S Moda El País, 03/11/2011. Para leer el texto completo, CLICA AQUÍ.
Página web de TRITICUM.

dimarts 22 de novembre de 2011

Las migas de mi corazón

En mi barrio vagabundeaba
el colegio no me gustaba
Arrastrando mi corazón de algodón
exploraba mi callejón.

Arrastraba los pies en mi barrio,
la gente no para de ladrar,
papi, mami, el tío Andrés,
sus queridas del bar
dándome mimos sin parar

Mi cara arañada, también mis rodillas,
peor mi tierno corazón.
Jodidas mis zapas fueron destrozadas
las migas de mi corazón.

En la cocina de mi bar
mi familia iba a trabajar mientras
yo iba a tontear.
Los pensionistas, los de siempre,
gente que viene otros que van…
vaya jaleo en mi bar


Mi cara arañada, también mis rodillas,
peor mi tierno corazón.
Jodidas mis zapas, llueven en mis
mejillas las migas de mi corazón.

Arrastro mis pies y mi pena.
Siempre he sido vagabunda

Mi cara arañada, también mis rodillas,
peor mi tierno corazón.
Jodidas mis zapas,
llueven en mis mejillas
las migas de mi corazón.

Olivia Ruíz, Las migas de mi corazón. Versió en directe a "Los Conciertos de Radio 3" (2009).



Si voleu saber més sobre Olivia Ruiz: www.olivia-ruiz.com


dimarts 23 d’agost de 2011

Últimes feines de la sega

Antonio López Torres (1946): Segador entre las varas de un carro. Museo Antonio López Torres

(…) Abans de marxar, encara vaig ajudar Conrad i padrí a portar les garbes dels trossos i a mallar. Avíem fet ben neta l’era, per tota l’extensió i fent rogle vam estendre les espigues i va quedar una clapa al mig. Allí s’hi va posar padrí amb les brides de l’egua ben agafades. D’aquesta manera guiava l’animal perquè protegés damunt del blat i axí fes saltar el gra de dins de la clofolla. De tant en tant, l’egua s’enardia ajudada pels crits nostres i aleshores es posava al trot, així feia més feina però tot seguit calia amansir-la perquè no s’encabrités. Conrad i jo érem cada un en un extrem de la rotllana per calmar o abrivar l’animal. A més úiem una forca per anar picant damunt les espigues i acabar de lliurar els grans de la brossa. Quan va semblar-nos que ja era tot separat, vam rasclar mirant de treure la palla, i en acabat, amb les llargues escampes de bedoll anàvem fent munts amb el blat.
Encara faltaria ventar-lo, mentre aixecaríem una polseguera de mil demonis. Fins que no seria als sacs o als calassos, a punt de moldre, caldrien unes bones estones de feina. Sense maquinària, era molt treballós en aquella època.
Quan es va haver acabat tota la feina de segar, ja s’acostava el redall. Vaig allargar un temps més per tornar a dallar l’herba dels prats i deixar que s’assequés fins que vam portar-la amb el carro cap a casa e padrí i allí, des de l’era, anàvem omplint el paller amb grans forcades. La meua mare, des de dalt, l’anava col·locant amb traça perquè hi tingués cabuda. (...)
Maria Barbal (1990): Mel i metzines. Cicle del Pallars. Editorial La Magrana, Les Ales Esteses, 174.

“Anem segadors, escapcem bé que matarem la cuca!”




Guillermo Pérez Villalta (1991): La cosecha. Colección Banco Zaragozano



L’amo de la casa de Gerri, on havíem anat a segar després e Sort, era un home xocant i alegre. Era vell pels anys, però a la feina, passava al davant de tots i donava mostra de ser traçut i treballador com un de jove. Ben al contrari de Guerau que es mirava com treballàvem des de sota una freixera i sense desemparar la bóta. D’aquell amo de Gerri, a qui deien Taro, vaig aprendre unes quantes coses. Però n’hi ha una que recordo més que cap altra.
Era l’últim dia de segar a la seua propietat. El tros estava si fa no fa a la meitat; al nostre darrer, les lligadores no deixaven espigues esgarriades. En aquella casa s’hi veien moltes ones, entre filles i nores, també n’hi havia de llogades com nosaltres. Així doncs, avançàvem de pressa. Encara hi hauria sol que ja tindríem la feina acabada. Això, en comptes de fer-nos peresa, semblava venir a donar-nos aire. Vet aquí que, quan faltava només una quarta part del tros, l’amo va començar a animar-nos. “Anem segadors, escapcem bé que matarem la cuca!” Ningú no va respondre a la seua veu, però una mena d’ardor em va recórrer tot i vaig afinar els meus gestos per estalviar temps, desitjós d’acabar la feina. I ell continuava. “Vigileu, segadors! Avui l’agafarem. Vigileu que no s’escape!”
Ajudat pel seu hereu, Taro continuava cridant. “Atureu la cuca, nofos que s’escapés.” Cada camí els crits es feien més forts i les lligadores reien i esvolotaven. Els segadors dúiem un vaivé frenètic i alguns s’havien destapat dient alguna paraula com: “Au, anem!” o “Matem-la!”. Fins que només va quedar reposar les falç i els volants a terra per mirar com el vell Taro les segava, fins que només va quedar-ne un grapat. En aquell instant va parar-se. El seu fill va demanar la bóta i de mà en mà va arribar allí en el temps de dir “amén”. Tots érem al seu voltant quan va agafar l’últim floc d’espigues i va tallar-lo. “Ja la tenim!” –va ir. Aleshores va fer un crit agut com si fos el renillar d‘unn cavall. Una xicota va acostar-li un vencill i ell va lligar el floc. Aleshores el fill va passar-li la bóta i el vell va regar les espigues amb el vi. El color granat rebotava per damunt del groc esvaït de la palla i dels grans. De seguit tothom va posar-se a enraonar. Els xiquets que fins aquell moment havien espigolat, saltaven i s’acaçaven. La bóta passava de mà en mà i quan tothom va haver begut a pler, Taro va posar el floc mullar damunt d’una garba. “Au, seguiu-me tots cap a casa que farem un bon sopar!” No cal dir quina alegria sentíem caminant cap al poble, cap a casa Taro. Pel camí vam trobar-nos d’altra gent que anava i venia. Fins i tot jo, que mai no havia vist tal cosa, deia entre els altres: “Hem mort la cuca!”. I tots responien amb paraules alegres d’enhorabona.
Arribats a la casa, va sortir a rebre’ns una padrina, eixerida encara, que de seguit vaig saber que era la mestressa gran. Duia la pitxella a la mà i aixi que entràvem, anava abocant-nos beure als gots que una minyona repartia. Era un vi fort, gairebé ranci, que cremava l’animeta. Sort vaig tenir-ne que lleu van servir el sopar, si no, l’escalfor de la beguda m’hauria pujat al cap. Va ser un sopar abundant i bo. Semblava que l’amo es volia lluir per celebrar el final de la sega. Des del cap de taula va parlar amb una veu entelada. “Mentre Taro sigui valent, en aquesta casa sempre es matarà la cuca.” En acabat de sopar van fer ball a l’era. Jo estava mig atordit de tant menjar i beure, i de dobte vaig atalaiar-me que tenia a tocar una de les lligadores que havia vist al tros. (…).

Maria Barbal (1990): Mel i metzines. Cicle del Pallars. Editorial La Magrana, Les Ales Esteses, 170-171.





Gonzalo Barrachina Selles (1869-1916)
Ecos Levantinos
III - En la trilla
IV - Danza Característica
Sol Picó, dansa
Corporación Musical Primitiva
Àngel Lluís Ferrando, director

XXV edició de "La nostra música", Alcoi 2011
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

ENGRANDEIX EL TEXT