dilluns, 12 de desembre del 2011

La fiesta del vino de San Martín en el Museo del Prado


El Museo del Prado muestra al público por primera vez El vino de la fiesta de San Martín, de Pieter Brueghel el Viejo (1525-1569), adquirida a finales de 2010 y considerada como una de las adquisiciones más importantes en la historia del Museo.
La obra es una sarga o tüchlein pintada con temple de cola sobre una tela sin preparación, siguiendo una técnica habitual en Flandes en los siglos XV y XVI.
Se representa la fiesta del vino de San Martín. El 11 de noviembre, festividad del santo, se comía la oca de San Martín –coincidiendo con la matanza de otoño-. La víspera se degustaba el primer vino de la nueva estación, denominado vino de San Martín. Precisamente la coincidencia de la fiesta con el fin de la vendimia, en pleno otoño, asociaba con las celebraciones del santo una distribución de vino al pueblo, que tenía lugar fuera de las puertas de la ciudad. De esta manera, pese a la presencia de san Martín a la derecha, no es un cuadro religioso ni una obra de devoción, aunque tampoco una escena de género. Lo que centra la representación es la celebración de la fiesta dedicada al santo tal como tenía lugar en Flandes y en los países germánicos en esa época, casi una bacanal, preludio del carnaval en los meses de invierno. Se pone de manifiesto en ella la tensión irónica entre la caridad de san Martín –vestido como un caballero a la moda desde el siglo XV- y los excesos de la fiesta que lleva su nombre.
Avanzado el otoño, con muchos árboles sin hojas, fuera de la puerta de la ciudad –arquitectura que recuerda la Puerta de Hal de Bruselas- y próximo a las casas de la campiña, se ha dispuesto en el centro un enorme tonel de vino, que Brueghel pinta de rojo, sobre un andamio de madera. En torno a él se amontonan personajes de muy distinta condición: hombres -jóvenes y viejos- y también mujeres -algunas con niños-, campesinos, mendigos, y ladrones, todos tratando de obtener la mayor cantidad posible de vino. Mientras algunos que han conseguido llenar sus recipientes tienen ya sus pies en el suelo, otros, en su intento por lograrlo, se abrazan a las vigas, se tumban sobre el tonel o se inclinan con evidente riesgo de caer para recoger un chorro del vino que sale del tonel en toda clase de recipientes, sin excluir sombreros o zapatos. El efecto que logra Brueghel, que hace gala de su enorme maestría a la hora de componer y lograr encajar a todas las figuras –en torno a cien-, es el de una montaña formada por una humanidad que se deja llevar por la gula, una especie de Torre de Babel compuesta por bebedores.
De forma intencionada, Brueghel opone el círculo que conforma el grupo central en torno al tonel de vino con la disposición piramidal, mucho más estable, del grupo en el que se reproduce la caridad de san Martín, a la derecha. La composición se completa en el lado opuesto, a la izquierda de la sarga, con las figuras que se dejan llevar por los efectos del vino. El pintor plasma lo que les sucede a los que, al contrario que el santo, se han visto arrastrados por el pecado de la gula en lugar de por la virtud, como el personaje que está a punto de vomitar y el que yace en el suelo sin conocimiento sobre sus vómitos, los dos hombres peleándose o la mujer que ofrece vino a su bebé.


Más información sobre el proceso de restauración: www.museodelprado.es y en el enlace
http://www.museodelprado.es/pradomedia/multimedia/emel-vino-de-la-fiesta-de-san-martinem-pieter-bruegel-el-viejo/

dissabte, 3 de desembre del 2011

Con mucha miga

Las hogazas que han enamorado a los chefs más exquisitos –de Adrià a Joan Roca, de Paco Pérez a Quique Dacosta– tienen un secreto: Triticum, la panadería vanguardista.
Mª VICTORIA AROCA
03 DE DICIEMBRE DE 2011
Xevi Ramón, en su despacho de Triticum, que preside un dibujo de Karen Blanch. Foto:  Germán Sáiz
Xevi Ramon, quinta generación de panaderos, lleva un tiempo investigando sobre cómo quiere que sea la barra de cuarto by Xevi Ramon. La va a llamar «pan en llamas», porque la terminación tiene forma de fuego, y nos la ha dejado probar: sabor mediterráneo, corteza crujiente y rojiza, miga alveolada de color crema… Este maestro artesano, emprendedor y perfeccionista, necesita un diez antes de dar por bueno un producto. Por nuestra reacción se diría que lo ha conseguido. «No me interesa sumar decenas de variedades, sino productos de alta calidad con personalidad propia», nos dice.
En su carta básica hay 12 exquisiteces, del pan de campaña al rústico, del de nueces y orejones al mediterráneo, con tomate, aceite de oliva, pimienta y hierbas provenzales. La producción de sus dos empresas, Triticum y Triticumdeluxe, puede ascender a 80.000 piezas diarias. En solo cinco años sus propuestas se han convertido en un referente en el mercado del pan precocido para alta gastronomía. Ellos son quienes proveen de pan a algunos de los restaurantes con estrellas Michelin más importantes de España. «Nos gusta trabajar mano a mano con los chefs y sugerirles aromas, sabores y texturas adecuados a su cocina». Y a cada César lo que es del César: a Ángel León, por ejemplo, a quien se conoce como el chef del mar por la especial visión de la cocina que desarrolla en A Poniente, su restaurante en el Puerto de Santa María (Cádiz), le hacen especialmente un pan de algas elaborado con nori y lechuga de mar.
Para el bar de tapas de los hermanos Adrià, Tickets (Barcelona), han elaborado untourxon esséncia con un crujiente espectacular y baño de cereales. A Paco Pérez, de Miramar (Llançá, Gerona), le hacen un pan con su nombre que posee un intenso aroma tostado y semillas en la suela. Y los que se llevan la palma son Pedro y Marcos Morán, padre e hijo de Casa Gerardo, para quienes crean el pan de Copango, elaborado con chorizo, morcilla y tocino de hebra. La materia prima la envían ellos mismos desde Prendes y cuando toca hornear esta delicia todo el obrador huele a fabada asturiana.
Xevi Ramón pasa tanto tiempo en su despacho como en el obrador amasando y haciendo pruebas. Foto: Germán Sáiz
De siete de la mañana a tres de la tarde, las instalaciones de Triticum, en una nave industrial con vistas al Mediterráneo en Cabrera de Mar (Barcelona), viven en una especie de coreografía constante ejecutada con una exactitud germánica. «Tengo un bagaje familiar importante, pero me he formado en Francia y Alemania y necesito aplicar en todo lo que hago esa precisión y ese gusto que aprendí allí», explica Xevi. Hay un momento para cada cosa y los tiempos deben cumplirse al milímetro. «Para recuperar la esencia artesana es necesario utilizar la más sofisticada tecnología y cuidarlo todo al máximo», añade. De ahí la sorpresa de que el ambiente hipertecnológico se dé precisamente en un lugar rodeado de fermentos naturales y harinas ecológicas.

Mª Victoria Aroca: Con mucha miga. S Moda El País, 03/11/2011. Para leer el texto completo, CLICA AQUÍ.
Página web de TRITICUM.
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