dilluns, 18 de juliol de 2011

La vendimia de los Bastíu



Giorgio Cardellini (2009): Grapes
Si es verdad que la tierra habla de quien la posee, las colinas de los campos de Soreni eran un discurso complicado. Las parcelas pequeñas e irregulares contaban cosas acerca de familias con demasiados hijos y todos mal avenidos, fragmentadas por una miríada de muretes de basalto negro construidos en seco, cada uno con su rencor particular, que lo mantenía en pie.
El terreno de los Bastíu era apenas un poco mayor que los limítrofes, porque, por voluntad de dios, a lo largo de los años había habido más testamentos que herederos.
En la viña de la colina llamada Pran'e boe, eran las diez de una mañana templada de octubre cuando la mano de andría Bastíu se posó, deteniendo el movimiento de las tijeras de podar.
- ¡Cuidado! ¿No pongas la mano ahí!
- ¿Por qué? ¿Qué pasa?
- La tela del àrgia
- No me dan miedo las arañas.
- Porque no las conoces -respondió él, muy serio-. ¿Sabes que si te pica una tienen que cubrirte de estiércol y hacer que bailen a tu alrededor siete mujeres, primero viudas, después solberas y por último casadas, hasta descubrir de qué clase de araña se trataba?
- Pero ¿quién te cuenta esas bobadas, Andrí?
María cortó el gran racimo y lo colocó con cuidado en el cubo de plástico, riendo y negando con la cabeza cubierta con un pañuelo de flores amarillas, descoloridas por las vendimias precedentes.
La viña de los Bastíu estaba formada por dos mil vides de uva oscura con granos del tamaño de huevos de codorniz. Al aplastarlos rezumaban un jugo negro que parecía sangre de cerdo cocida y era igual de dulce. Los dos chiquillos se habían repartido el trabajo de acuerdo con sus respectivas fuerzas y cometían en velocidad con los adultos de la hilera paralela.
- Tú ríete, pero es verdad. A mi padre le pasó cuando era pequeño. Me explicó que tuvieron que hacerlo sudar durante dos horas debajo de un montón de mierda; si no, no lo habría contado.
- ¿Tu padre no es ese que murió dos veces en la guerra? Tú, en cambio, eres de los que si le mandan a comprar cien gramos de nada en polvo seguro que va.
Maia continuó cortando racimos y burlándose de Andría con sus danzantes ojos vivaces. El chiquillo se sonrojó al sol y dirigió la mirada hacia el cubo casi lleno. Aunque tenían la misma edad, con aquella sonrisa adulta en los labios rojos de uva, Maria siempre lo ganaba a la hora de encontrar las palabras idóneas para hacerlo sentir pequeño.
- Voy a vaciarlo al carro...
- Sí, llevalo, que yo mientras tanto voy a beber. ¡Y cuidado con el àrgia, que no estoy segura de encontrar a siete locas que bailen sobre caca de vaca para adelante!

Valewatta (2009): Vigna d'autunno

La vendimia empezaba y terminaba elmismo día, para lo cual hacían falta como mínimo seis personas que cortaran deprisal los racimos hasta desnudar las hileras de vides que seguían la línea de la colina. Los Bastíu salían de casa antes de que el sol se hubiera decidido a hacerlo, y las hijas de Anna Teresa Listru iban con ellos, porque después se repartían el vino. Cuando se lo vendía a los vecinos, la viuda Listru acostumbraba a decir que tenía que hacer con él el milagro de las bodas de Caná: "Jesucristo convertía el agua en vino, y yo convierto el vino en pan."
María se pasaba el verano esperando a que la llamaran para ayudar, porque le gustaba competir con Andría. Nunca se sabía a ciencia cierta cuándo empezaría la vendimia, pues era el viejo Chicchinu Bastíu, que estaba ciego, quien decía cuál era el momento preciso, es decir,  exactamente el día antes de que se percibiera en el aire el olor de l auva a punto para el mosto. Sus nietos le llevaban al campo a diario, y él, solemne, olfateaba con los ojos cerrados la suave brisa marina que acariciaba los viñedos. Como una comadrona experta, el viejo aseguraba que podía oír la voz del vino que nacía en la onda de aire que sacudía las hojas y penetraba en los recovecos de los prietos racimos. Maria nunca se cansaba de escuchar aquella leyenda.
- ¡Dicen que es capaz de adivinar siempre el día exacto! -le habia revelado a la tía Bonaria, tratando de asombrarla con aquel misterioso poder adivinatorio.
La anciana la había mirado con una media sonrisa, no especialmente impresionada.
- Claro, Chicchinu Bastíu y el mosto son uña y carne. Teniendo como tiene la nariz siempre metida en el vaso, ¿cómo quieres que no reconozca su olor?
Los ojos de la chiquilla se habían dilatado mientras la sospecha comprometá la certeza del prodigio.
- ¿Quieres decir que nos toma el pelo?
- ¿Queda uva en el campo al día siguiente?
- No, siempre la cogemos toda antes de que se ponga el sol.
- Entonces no le toma el pelo a nadie.
Y la tía Bonaria, sin preocuparse de disimular la risa, había vuelto a fijar los ojos en la costura. Como sabía que le gustaba, la vendimia con los Bastíu era una de las pocas ocasiones en que permitía a Maria faltar a clase.
Topyti (2008): ... finalmente il futuro vino
 Texto extraído de LA ACABADORA (2011), de MICHELA MURGIA. Editorial Salamandra, pàginas 36-39.
Más información en nuestros blogs: DE LA LITERATURA A LES CUINES DE LA MEDITERRÀNIA

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